Lunes - 10.Diciembre.2018


Almeja Gigante de A Ameixenda

          

Ameixenda
del latín mixa o myxa. Plinio afirma que el árbol myxa es oriundo de Damasco, en gallego daría Ameixeira, y el lugar que abunda Ameixenda. No obstante, la voz Ameixa, en gallego es equívoca pues también significa marisco de concha.
 

Ameija como marisco, y con la voz castellana almeja, podría derivar en ameixa, a manera de una cajita ovalada, cuyas dos conchas son cóncavas, y el arenal donde se encuentran, ameixenda. Este sentido último, por los abundantes arenales que todavía existen de este apreciado molusco marino darían el nombre a este precioso pueblo.
 
En el Mesolítico, compatible con la aparición de la agricultura y continuación de las prácticas venatorias y piscatorías, sería este pueblo de recolectores; según muestran los elevados índices de especies silvestres de zonas batidas por el mar que todavía se observan en este lugar.

Este grupo de agricultores-recolectores especializados en unos pocos tipos de recursos abundantes y seguros permitió aumentar su demografía y sedentalizarse. Tienen un profundo respeto por su entorno, por la tierra y la naturaleza, pues de ellos obtenían lo necesario para vivir, con diversas técnicas para conservar los alimentos: secado, ahumado y salado. Estos no sólo aprovechaban los recursos bióticos, es decir, los provenientes de la pesca y recolección; sino materiales abióticos, como el sílex y materiales líticos que abundan en el entorno.
 
La leyenda de la almeja gigante y colosal que hacía zozobrar a numerosos barcos que navegaban por esta costa, cuando abría su concha, la zona se envolvía en un resplandor que cegaba a los marineros, produciéndoles toda serie de espejismos que provocaban confusión total, incapaces de localizar con precisión su posición. Después de la apertura de su concha, desprendía una niebla espesísima, la célebre “borraxeira” de la que hablan los lugareños, provocada por sus dos mayestáticos sifones, por donde entra y sale el agua, situada en la parte media de la cavidad del manto, expulsando el agua con fuerza por uno de los orificios, abriendo y cerrando las ingentes conchas rápidamente.

Al desovar, lo hacía en la costa, expulsaba un tipo de gameto, partículas extrañas que a modo de enormes perlas eran depositadas formando inusuales peñascos con formas caprichosas que hoy podemos apreciar.
 
La colosal almeja salía de noche para alimentarse de algas, de ahí su color verdoso, sus ojos pequeños detectaban las sombras de las embarcaciones y era una auténtica depredadora al cerrar de un sólo golpe, y una vez que el barco naufragaba, devoraba a sus ocupantes.
 
Se cuenta que Santiago Apóstol, que en años 844 aparece montado en un caballo blanco y blandiendo una espada, descabezando moros en la célebre batalla de Clavijo, La Rioja. De allí se traslada a estos confines y realiza otra intervención milagrosa, enfrentándose al monstruo en la playa de Caneliñas, lugar en donde posteriormente se ubicará una factoría de desguace de ballenas, el combate singular que duró tres noches, acabó con la vida del fantástico animal, cortándole de cuajo sus portentosos sifones y luego arrojándolo a las profundidades marinas.

Se dice que algunos días de borraxeira se oye tañir sus enormes conchas, provocando el estallido del mar que brama enfurecido por toda la costa.


 José Ares

04/02/2013 ir arriba

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